(Yo siempre he dicho que soy colchonero porque, cuando
todavía era un niño, mi hermano Ramiro me dijo que lo fuese;
y ahora digo que sigo siéndolo porque todavía no me ha
dicho que ya no lo sea. Pero lo del Córdoba C.F. es otra cosa.)
Ni el inestable clima futbolístico que ayer reinaba sobre el terreno de juego de El Arcángel, ni el displicente clima ambiental que sacudió la grada donde se congrega el cordobesismo del mundo mundial, ni el clima climático que soplaba en el aire ribereño de El Arcángel en la tarde de ayer, ni tan siquiera esa leve oscilación que pueda sufrir el termómetro de la clasificación (a raíz de todo lo anterior) al final de esta jornada liguera, podrán mermar nuestra ilusión por que el Córdoba C. F. siga en la pugna hasta el final; pero si que nos privaron de la oportunidad de brindarle a Ramiro, de visita en Córdoba, una magnífica tarde de fútbol, a las que ya nos hemos acostumbrado esta temporada, en El Arcángel. Bueno, al menos tuvo la ocasión de compartir con la afición ese afectuoso cordobesismo que conserva fielmente a pesar de la distancia que nos separa. Distancia que lo mantiene lejos pero no distante de nosotros y nuestras cosas.




Pero que guapos por dios! Me alegra que a pesar de que el cordoba no fuese el mejor, la compañia sí, que al fin y al cabo es lo que hace de buenos momentos, momentos perfectos.
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